Puntos de quiebre en el Teletrabajo

Hay muchas razones por las cuales uno querría trabajar desde casa al menos algunos días por semana. Pero esta vez no es cuestión de elección: para muchos trabajadores, el coronavirus (COVID-19) impuso el trabajo remoto de forma obligatoria. De alguna manera, se ha puesto en práctica un experimento de teletrabajo a escala mundial

Messenger y Gschwind en el libro New technology work and employment  (2016) comentan la evolución del trabajo remoto, al  principio se hablaba de “oficina en el hogar”, ya que el hecho de poder tener tecnología como computadoras e internet en la casa abrió la oportunidad de trabajar fuera de la empresa. Luego se pasó al concepto de “oficina móvil”, ya que los teléfonos celulares, laptops y tabletas permitieron que el teletrabajo no tenga que ser exclusivamente desde el hogar, sino desde cualquier lugar donde haya una conexión a internet o a una red de datos. La última etapa de esta evolución es la “oficina virtual”, que expande el concepto anterior con la aparición de los teléfonos inteligentes y la capacidad de tener información en la nube.

Teletrabajo

En América Latina el teletrabajo es un concepto con cada vez más aceptación. Un estudio determinó que, antes del Coronavirus, Brasil era el país con más empleados trabajando desde sus casas, con 12 millones de  trabajadores en linea, seguido de México (con 2,6 millones), Argentina (con 2 millones) y Chile (con 500 mil). Ahora bien,  el trabajo remoto en la región hace ver que hay un choque entre dos mundos: el de la tecnología, que permite a muchas personas trabajar de donde sea (siempre que haya conexión a Internet), y el de las regulaciones laborales, muchas de ellas conceptualizadas en el siglo XIX (en donde no existía ni se soñaba con las tecnologías que tenemos hoy en día). La quinta entrega de la serie El Futuro del Trabajo en América Latina y el Caribe, justamente, recoge   regulaciones del teletrabajo en varios países y destaca que Colombia es el país más avanzado en este tema.

El trabajo remoto  ha sido uno de los temas más destacados en el contexto del coronavirus, ya que muchas empresas han pedido a sus empleados que trabajen desde casa. En este debate hay tres aspectos fundamentales que  representan puntos de quiebre para quien no se adapte a trabajar así: los horarios de trabajo, el equilibrio personal-profesional, y la productividad. En primer lugar, a pesar de que da mayor flexibilidad de horarios, el teletrabajo hace más difícil definir de qué hora a qué hora trabajamos, pudiendo tener efectos negativos en nuestra salud mental y física. En segundo lugar, a pesar de que el teletrabajo puede considerarse una herramienta que tiene efectos positivos en el balance entre la vida personal y la vida profesional, también puede terminar teniendo justamente el efecto opuesto si se borran las fronteras entre estos dos ámbitos (sobre todo teniendo en cuenta que, en esta oportunidad las personas están con sus hijos en casa). En cuanto a productividad, los efectos del teletrabajo dependerán de factores como la agilidad de los sistemas de información y comunicación de la empresa, la cultura corporativa, y la capacidad de los supervisores de apoyar al trabajador.

La vida antes y después del coronavirus no va a ser la misma. Entre las  lecciones que nos dejará esta experiencia es que muchas personas pueden trabajar de forma remota sin problema con la tecnología existente, optimizar el aprovechamiento de sus jornadas diarias (contexto laboral – personal) y ser más productivos en general, aun sin poseer todas las herramientas necesarias para realizar su trabajo el compromiso desarrollado por los colaboradores hacia sus empleos, debido al hecho de poder preservarlos en medio de la crisis, los motiva a ser más creativos y pro-activos en el logro de los objetivos corporativos,  así como,  el mensaje de estabilidad, protección y real preocupación por el bienestar de su equipo serán claves para que el nivel gerencial pueda despertar lo mejor de sus colaboradores, y acelerar su productividad.

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